lunes, 3 de agosto de 2009

Coetzee analiza a Beckett

El escritor sudafricano reflexiona sobre la correspondencia del dramaturgo irlandés, cuyo primer tomo acaba de publicarse.
Con un espíritu detectivesco, emulando al propio Beckett, Coetzee trata de averiguar a través de sus cartas, cuál es la verdadera identidad y desde dónde escribe el autor de Molloy, El innombrable y Esperando a Godot.
















Las cartas íntimas de Beckett

Por: J. M. Coetzee

En 1923 Samuel Barclay Beckett, de diecisiete años de edad, ingresó al Trinity College de Dublín para estudiar lenguas romances. Dio muestras de ser un alumno extraordinario y un profesor de francés, Thomas Rudmose-Brown, lo tomó bajo su protección e hizo todo lo que pudo por impulsar la carrera del joven, para lo cual, cuando éste se recibió, le consiguió primero unas clases como profesor visitante en la prestigiosa Ecole Normale Supérieure de París y luego un puesto docente en el Trinity College. Después de un año y medio en Trinity, desempeñando lo que calificó de "grotesca comedia docente", Beckett renunció y volvió a París. A pesar de ello, Rudmose-Brown no abandonó a su protegido. En 1937 seguía intentando que Beckett volviera a la vida académica y lo convenció de postularse para la docencia de italiano en la Universidad de Ciudad del Cabo. "Puedo decir sin exagerar", escribió en una carta de recomendación, "que además de contar con un sólido dominio académico de las lenguas italiana, francesa y alemana, (el Sr. Beckett) tiene una creatividad notable." Mas adelante agregaba: "El Sr. Beckett tiene un adecuado conocimiento de la lengua provenzal antigua y moderna". Beckett sentía verdadero aprecio y respeto por Rudmose-Brown, un especialista en Racine que además estaba interesado en el panorama literario francés contemporáneo. El primer libro de Beckett fue una monografía sobre Proust (1931), que, si bien tenía por objeto ser una introducción general a ese nuevo escritor, parece más el ensayo de un estudiante de grado avanzado que trata de impresionar a su profesor. El propio Beckett tenías grandes dudas respecto del libro. Al releerlo, se "preguntaba de qué hablaba", según le confió a su amigo Thomas McGreevy. Parecía ser "un equivalente distorsionado de algún aspecto o una confusión de aspectos de mí mismo (...) vinculado de alguna manera a Proust. (...) No es que me importe. No quiero ser un profesor." Lo que más le desagradaba a Beckett de la vida académica era la enseñanza. Día tras día, este hombre joven y taciturno tenía que enfrentar en el aula a los hijos e hijas de la clase media protestante de Irlanda y convencerlos de que Ronsard y Stendhal eran dignos de su atención. "Era un profesor muy impersonal", recordó uno de sus mejores alumnos. "Decía lo que tenía que decir y luego abandonaba el aula. (...) Creo que se consideraba un mal expositor, lo cual me entristece, ya que era muy bueno. (...) Lamentablemente, muchos de sus alumnos coincidían con él." "La idea de volver a enseñar me paraliza", le escribió Beckett a McGreevy desde Trinity en 1931, en momentos en que era inminente el comienzo de un nuevo semestre. "Creo que viajaré a Hamburgo en cuanto cobre el cheque de Pascuas (...) y tal vez tenga el valor de no volver." Pasó un año más antes de que encontrara ese valor. "Claro que probablemente vuelva con paso cansado y la cola enroscada en mi pene destruido", le escribió a McGreevy. "O tal vez no lo haga." Las clases en el Trinity College fueron el último empleo regular de Beckett. Hasta que estalló la guerra, y en cierta medida también durante la guerra, vivió de una renta derivada de la herencia de su padre, que murió en 1933, y de ocasionales ayudas de su madre y su hermano mayor. Los dos trabajos de ficción que publicó en la década de 1930 –los relatos More Pricks Than Kicks (1934) y la novela Murphy (1938)– le aportaron algo en concepto de derechos. Casi siempre andaba escaso de fondos. La estrategia de su madre, como le dijo a McGreevy, era "tenerme corto para que pudiera sentir la tentación de buscar empleo". Los artistas independientes como Beckett solían prestar mucha atención a la paridad cambiaria. Después de la Primera Guerra Mundial, el franco barato hizo de Francia un destino atractivo. El flujo de artistas extranjeros, entre ellos estadounidenses que vivían de remesas de dólares, convirtieron el París de los años 20 en la sede del modernismo internacional. Cuando el franco subió, a principios de la década del 30, los visitantes se fueron. Sólo se quedaron los exiliados a ultranza como James Joyce. Las migraciones de artistas sólo se relacionan en términos muy generales con las fluctuaciones de la paridad cambiaria. De todos modos, no es casual que en 1937, luego de una nueva devaluación del franco, Beckett se encontrara en posición de abandonar Irlanda y volver a París. El dinero es un tema recurrente en sus cartas, sobre todo hacia fin de mes. Sus cartas desde París están llenas de nerviosas descripciones de lo que puede y no puede permitirse (habitaciones de hotel, comidas). Si bien nunca pasó hambre, su existencia era una versión elegante de la vida al día. Los únicos gastos personales en que incurría eran libros y pinturas. En Dublín pide 30 libras prestadas porque no puede resistirse a comprar una pintura de Jack Butler Yeats, hermano de William Butler Yeats. En Munich compra las obras completas de Kant en once tomos. No podemos entender de forma instantánea qué significan en términos actuales 30 libras en 1936, como tampoco los 19,75 francos que un joven alarmado tuvo que pagar por una comida en el restaurante Ste. Cécile el 27 de octubre de 1937, pero tales gastos tenían gran importancia para Beckett, una importancia hasta emocional. En un volumen que tiene elementos editoriales tan ricos como esta nueva edición de su correspondencia, sería bueno contar con más guías respecto de equivalencias monetarias. También sería útil que disminuyera el grado de discreción en lo que toca a cuánto recibía Beckett de la administración de la herencia de su padre . Entre los empleos que Beckett contempló se encontraban: trabajo de oficina (en la firma de análisis cuantitativo de su padre); enseñanza de lenguas (en una sede de Berlitz en Suiza); docencia escolar (en Bulawayo, Rhodesia del Sur); redacción publicitaria (en Londres); pilotaje de aviones comerciales (en los cielos); interpretación (francés-inglés); y administración de una propiedad rural. Hay indicios de que habría aceptado el puesto en Ciudad del Cabo si se lo hubieran ofrecido (no lo hicieron). A través de contactos en lo que entonces era la Universidad de Buffalo, también desliza que miraría con buenos ojos una propuesta de esa institución (no llegó). La carrera por la que más se inclinaba era el cine. "Me gustaría ir a Moscú y trabajar un año con Eisenstein", le escribe a McGreevy. "Lo que aprendería trabajando a las órdenes de alguien como Pudovkin", agrega una semana después, "es a manejar una cámara, los principales trucos del montaje, etc., de todo lo cual sé tan poco como de análisis cuantitativo." En 1936 llega a mandarle una carta a Serguei Eisenstein: "Le escribo (...) para solicitarle se considere mi ingreso a la Escuela Estatal de Cinematografía de Moscú. (...) No tengo experiencia de trabajo en estudio y, naturalmente, es en los aspectos de guión y montaje en los que estoy más interesado. (...) Le ruego me considere un cineasta serio, digno de ingresar a su escuela. Podría quedarme por lo menos un año." A pesar de no recibir respuesta, Beckett le informa a McGreevy que "probablemente vaya (a Moscú) pronto." ¿Cómo tomar los planes de estudiar guión en la URSS en las profundidades de la noche stalinista: como una asombrosa ingenuidad o como una imperturbable indiferencia a la política? En la era de Stalin, Mussolini y Hitler, de la Gran Depresión y de la Guerra Civil Española, las referencias a los asuntos mundiales en las cartas de Beckett pueden contarse con los dedos de una mano. No cabe duda de que, en términos políticos, el corazón de Beckett estaba del lado correcto. Su desprecio por los antisemitas es evidente en las cartas que escribe desde Alemania. "Si hay una guerra", le informa a McGreevy en 1939, "me pondré a disposición de este país": "este país" era Francia, y Beckett era ciudadano de Irlanda, que era neutral. (De hecho, llegaría a arriesgar la vida en la Resistencia francesa.) Sin embargo, la cuestión de cómo debería gobernarse el mundo no parecía interesarle mucho. En vano se recorren sus cartas en busca de reflexiones sobre el papel del escritor en la sociedad. Cita una frase de su filósofo favorito, el cartesiano de segunda generación Arnold Geulincx (1624-1669), lo que sugiere cuál es su posición general en relación con el plano político: ubi nihil vales, ibi nihil velis , que podría interpretarse como: No hay que invertir esperanzas ni anhelos en un ámbito en el que no se tiene poder. Sólo cuando surge el tema de Irlanda, Beckett se permite expresar una opinión política. Si bien McGreevy era un nacionalista irlandés y un católico devoto, y Beckett un cosmopolita agnóstico, rara vez permitían que la política o la religión se interpusieran entre ellos. Sin embargo, un ensayo de McGreevy sobre Jack Butler Yeats lleva a Beckett a un arranque de furia. "Tratándose de un ensayo de tal brevedad, los análisis social y político son más bien extensos", escribe. "Tuve casi la impresión (...) de que tu interés se desviaba del hombre hacia las fuerzas que lo formaron. (...) Pero tal vez eso (...) sea culpa de (...) mi incapacidad crónica para entender como parte de cualquier proposición una frase como 'el pueblo irlandés', o para imaginar que a éste alguna vez le importó un carajo alguna forma de arte, (...) o que alguna vez fue capaz de un pensamiento o un acto a excepción de los actos y pensamientos rudimentarios que le embuchaban los curas y los demagogos al servicio de los curas, o que alguna vez le va a importar (...) que hubo una vez en Irlanda un pintor llamado Jack Butler Yeats." 2 Las cartas de Beckett están llenas de comentarios sobre obras de arte que vio, música que escuchó, libros que leyó. Algunos de los primeros de esos comentarios no son más que tonterías, sentencias de un principiante soberbio, como por ejemplo: "Los cuartetos de Beethoven son una pérdida de tiempo". Entre los escritores que tienen que soportar su cáustica ironía juvenil se encuentran Balzac ("La banalidad de estilo & pensamiento [de Cousine Bette ] es tan enorme que me pregunto si escribe en serio o como parodia") y Goethe ("sería difícil crear algo más desagradable" que su drama Tasso ). Aparte de incursiones en el ámbito literario de Dublín, su lectura tiende a concentrarse en los muertos ilustres. De los novelistas ingleses, Henry Fielding y Jane Austen cuentan con su favor, Fielding por la libertad con que interviene como autor en sus relatos (una práctica que el propio Beckett adopta en Murphy ). Ariosto, Sainte-Beuve y Hölderlin también reciben su aprobación. Uno de sus entusiasmos literarios más inesperados es Samuel Johnson. Impresionado ante el "rostro demente aterrado" del retrato de James Barry, en 1936 se le ocurre la idea de convertir la historia de la relación de Johnson con Hester Thrale en una obra teatral. No es el gran pontificador de la Vida de Boswell el que le interesa, como surge de las cartas, sino el hombre que luchó toda su vida contra la indolencia y la depresión. En la versión de Beckett de los acontecimientos, Johnson se instala con Hester –mucho menor que él– y su esposo cuando ya es impotente y, por lo tanto, está condenado a ser un "gigoló platónico" en el ménage a trois . Primero sufre la desesperación "del amante que no tiene con qué amar"; luego se le parte el corazón cuando el marido se muere y Hester se va con otro hombre. "La mera existencia es tanto mejor que la nada, que más vale existir, incluso con dolor", dijo el Dr. Johnson. La Hester Thrale del proyecto dramático de Beckett no logrará entender que un hombre puede preferir amar sin esperanzas que no sentir nada en absoluto, por lo que no podrá reconocer la dimensión trágica del amor que siente Johnson por ella. En el hombre público seguro que en privado lucha contra la indiferencia y la depresión, que considera que vivir no tiene sentido, a pesar de lo cual no puede afrontar la aniquilación, Beckett detecta un espíritu afín. Sin embargo, luego de una primera emoción respecto del proyecto de Johnson, su propia indolencia se impone. Pasan tres años antes de que ponga manos a la obra, y abandona el trabajo por la mitad del Acto I. Antes de descubrir a Johnson, el escritor con el que Beckett se identificaba era el activo y productivo James Joyce. Sus primeros trabajos, según admite con alegría, "apestan a Joyce". Pero Beckett y Joyce intercambiaron muy pocas cartas. La razón es simple: en los períodos en que se sintieron más cerca (1928-1930, 1937-1940) –cuando Beckett se desempeñó como secretario ocasional y empleado general de Joyce–, ambos vivían en la misma ciudad, París. Entre esos dos períodos, su relación fue más tensa y no se comunicaron. La causa de esa tensión fue la forma en que Beckett trató a Lucia, la hija de Joyce, que se sintió deslumbrada por él. Si bien le alarmaba la evidente inestabilidad mental de Lucia, Beckett permitió, para vergüenza suya, que la relación se desarrollara. Cuando por fin dio un corte a la situación, Nora Joyce se puso furiosa y lo acusó –con cierta razón– de aprovecharse de la hija para tener acceso al padre. Es probable que para Beckett no haya sido malo que lo expulsaran de ese peligroso territorio edípico. Cuando se reincorporó, en 1937, para ayudar en la corrección de pruebas de Work in Progress (luego Finnegans Wake ), su actitud en relación con el maestro se hizo menos tensa, más amable. A McGreevy le confía: "Joyce me pagó 250 fr. por unas 15 hs. de trabajo con las pruebas. (...) ¡Luego lo complementó con un sobretodo viejo y 5 corbatas! No lo rechacé. Es mucho más simple ser lastimado que lastimar." Y dos semanas después: "(Joyce) estuvo sublime anoche y condenó con gran convicción su falta de talento. Ya no siento que la relación sea peligrosa. No es más que un ser humano adorable." La noche después de escribir esas palabras, Beckett tuvo una pelea con un desconocido en una calle de París y lo apuñalaron. Poco faltó para que el cuchillo ingresara a los pulmones. Beckett tuvo que pasar dos semanas en el hospital. Los Joyce hicieron todo lo que pudieron para ayudar a su joven compatriota: lo trasladaron a una clínica privada y le llevaban flanes. La noticia de la agresión llegó a los diarios irlandeses, y la madre y el hermano de Beckett viajaron a París para acompañarlo. Entre otras visitas inesperadas, Beckett recibió la de una mujer que había conocido años antes, Suzanne Deschevaux-Dumesnil, que llegaría a convertirse en su compañera y luego en su esposa. El período posterior a la agresión, que le contó a McGreevy con cierta confusión, parece haberle revelado a Beckett que no estaba tan solo en el mundo como le gustaba pensar. Lo más curioso es que pareció confirmarlo en la decisión de hacer de París su hogar. Si bien la producción literaria de Beckett durante los doce años que cubren estas cartas es relativamente escasa –la monografía sobre Proust; una primera novela, A Dream of Fair to Middling Women , de la que renegó y que no se publicó mientras vivió; los relatos More Pricks Than Kicks ; Murphy ; un libro de poemas; algunas reseñas de libros–, dista de encontrarse inactivo. Lee mucha filosofía, desde los presocráticos hasta Schopenhauer. Escribe sobre Schopenhauer: "Un placer (...) encontrar un filósofo que puede leerse como un poeta, con una completa indiferencia por las formas a priori de verificación." Trabaja con gran intensidad en Geulincx, leyendo su Ethics en el original en latín: sus notas se descubrieron y publicaron hace poco junto con una nueva traducción al inglés. Una relectura de Thomas à Kempis da lugar a páginas de autoanálisis. El peligro del inmovilismo de Thomas para alguien que, como él, carece de fe religiosa ("Por lo que parece, nunca tuve ni la más mínima capacidad ni disposición para lo sobrenatural"), es que puede confirmarlo en un "aislacionismo" que, paradójicamente, no se relaciona con Cristo sino con Lucifer. ¿Pero es justo tomar a Thomas como un guía puramente ético, despojándolo de toda dimensión trascendental? En su propio caso, ¿cómo un código ético puede salvarlo de los "sudores & temblores & pánicos & rabias & rigores & estallidos de corazón" que sufre? "Durante años fui infeliz, de forma consciente & deliberada", sigue diciéndole a McGreevy en un lenguaje notable por su estilo directo (atrás quedaron las bromas crípticas y los falsos galicismos de las primeras cartas). "Me aislé más & más, hice menos & menos & me presté a un crescendo de desprecio de los demás & de mí mismo. (...) En todo eso no había nada que me resultara mórbido. El sufrimiento & la soledad & la apatía & las burlas eran los elementos de un índice de superioridad. (...) No fue sino hasta que esa forma de vida, o más bien de negación de la vida, desarrolló esos aterradores síntomas físicos, que dejó de ser posible insistir en la misma, que tomé conciencia de que había algo mórbido en mí." La crisis a la que alude Beckett, los crecientes sudores y temblores, habían comenzado en 1933, cuando, tras la muerte de su padre, su propia salud, física y mental, se deterioró hasta un punto en que su familia se preocupó. Sufría palpitaciones cardíacas y tenía ataques de pánico nocturnos tan agudos que su hermano mayor tenía que dormir con él para calmarlo. Durante el día se quedaba en su cuarto con el rostro vuelto hacia la pared, negándose a hablar, negándose a comer. Un médico amigo había sugerido psicoterapia, y su madre ofreció pagar el tratamiento. Beckett aceptó. Dado que la práctica del psicoanálisis aún no era legal en Irlanda, se trasladó a Londres, donde se convirtió en paciente de Wilfrid Bion, que era unos diez años mayor que él y en ese momento hacía prácticas terapéuticas en el Tavistock Institute. En el período 1934-1935 se reunió con Bion varios centenares de veces. Si bien sus cartas revelan poco sobre el contenido de las sesiones, indican que Beckett lo respetaba. Bion se concentró en la relación de su paciente con la madre, May Beckett, que le despertaba ataques de ira, pero de la cual era incapaz de separarse. Beckett decía que no lo habían dado bien a luz. Con la guía de Bion, consiguió hacer una regresión a lo que en una entrevista que concedió en sus últimos años calificó de "recuerdos intrauterinos" de "sentirme atrapado, de estar aprisionado sin poder escapar, de gritar para que me dejaran salir, pero sin que nadie oyera, sin que nadie escuchara." Los dos años de análisis tuvieron éxito en la medida en que liberaron a Beckett de sus síntomas, si bien éstos amenazaban con reaparecer cuando visitaba la casa familiar. En una carta a McGreevy de 1937 sugiere que todavía tenía que alcanzar la paz con su madre. "No le deseo nada en absoluto, ni bueno ni malo", escribe. "Soy lo que su amor salvaje hizo de mí, y es bueno que uno de nosotros lo acepte por fin. (...) Simplemente no quiero verla, escribirle ni saber de ella. (...) Si ahora llegara un telegrama diciendo que está muerta, no les haría a las Furias el favor de considerarme responsable ni siquiera de forma indirecta. Supongo que todo se reduce a decir qué mal hijo soy. Amén, entonces." La novela de Beckett Murphy , terminada en 1936, el primer trabajo en el que este autor, preso de una duda crónica sobre sí, parece haber sentido un verdadero orgullo creativo, si bien efímero (poco después la calificaría de "un trabajo muy torpe, minucioso, respetable & torpe"), se basa en su experiencia del medio terapéutico de Londres y en su lectura de la literatura psicoanalítica del momento. El protagonista es un joven irlandés que explora técnicas espirituales de retiro del mundo y alcanza su objetivo cuando se mata por accidente. De tono liviano, la novela es la respuesta de Beckett a la ortodoxia terapéutica de que el paciente debe aprender a relacionarse con el mundo en los términos del mundo. En Murphy , y más aún en la ficción madura de Beckett, las palpitaciones y los ataques de pánico, el miedo y los temblores o el olvido deliberado, son respuestas por completo apropiadas a nuestra situación existencial. Wilfrid Bion dejó luego una considerable impronta en el psicoanálisis. Durante la Segunda Guerra Mundial fue pionero en la organización de grupos de terapia con soldados que volvían del frente (él había experimentado un trauma de batalla en la Primera Guerra Mundial: "Morí el 8 de agosto de 1918", escribió en sus memorias). Al terminar la guerra se analizó con Melanie Klein. Si bien sus textos más importantes serían sobre la epistemología de las transacciones entre analista y paciente, para las que creó una notación algebraica que llamó " the Grid ", siguió trabajando con pacientes psicóticos que experimentaban un pavor irracional, muerte psíquica. En los últimos tiempos tanto los críticos literarios como los psicoanalistas prestaron más atención a Beckett y a Bion, así como a su posible influencia recíproca. No tenemos registro alguno de lo que pasó entre ambos. De todos modos, uno puede aventurarse a decir que el psicoanálisis del tipo que hizo Beckett con Bion –lo que podríamos llamar análisis protokleiniano– fue una instancia importante en su vida, no tanto porque alivió (o parece haber aliviado) sus síntomas paralizadores ni porque lo ayudó (o parece haberlo ayudado) a romper con su madre, sino porque lo confrontó, en la persona de un interlocutor, interrogador o antagonista que en muchos sentidos era su par intelectual, con un nuevo modelo de pensamiento y un modo de diálogo que no le era familiar. En términos específicos, Bion desafió a Beckett –cuya devoción por los cartesianos muestra cuánto había invertido en la idea de una mente privada, inviolable, no física– a reevaluar la prioridad exclusiva que daba al pensamiento. El Grid de Bion, que da a los procesos de la fantasía lo que les corresponde en lo relativo a la actividad mental, es, en efecto, una deconstrucción analítica del modelo de pensamiento cartesiano. En la psicología de Bion y Klein, Beckett también puede haber hallado elementos para los organismos protohumanos, los gusanos y las cabezas sin cuerpo que pueblan sus diversos submundos. Bion parece haber tenido empatía con la necesidad de las personalidades creativas del tipo de Beckett de regresar al caos y la oscuridad prerracionales como prolegómeno del acto de creación. El principal trabajo teórico de Bion, Attention and Interpretation (1970), describe una forma de presencia del analista ante el paciente, despojado de toda autoridad y función reguladora, en buena medida igual (menos las bromas) que la que el Beckett maduro adopta respecto de los seres fantasmales que hablan a través de él. Bion escribe: "Para llegar al estado de ánimo esencial para la práctica del psicoanálisis evito todo ejercicio de memoria; no tomo notas. (...) Si descubro que no tengo idea alguna de lo que está haciendo el paciente y siento la tentación de sentir que ese secreto está oculto en algo que he olvidado, resisto todo impulso de recordar..." Se sigue un procedimiento similar en relación con los deseos: evito abrigar deseos y trato de expulsarlos de la mente. Al hacerse "artificialmente ciego" (una frase de Freud que Bion cita) por medio de la exclusión de la memoria y el deseo, se logra (...) la penetrante flecha de oscuridad (que) puede dirigirse sobre los elementos oscuros de la situación analítica.
3 Si bien Beckett puede haber sentido la década de 1930 como años de bloqueo y esterilidad, en retrospectiva podemos ver que fuerzas más profundas de su interior usaron esos años para sentar las bases artísticas y filosóficas –y tal vez hasta experimentales– del gran estallido creativo que se produjo a fines de los años 40 y principios de los 50. A pesar de la indolencia por la que constantemente se castiga, Beckett acumuló una enorme cantidad de lecturas. Pero su autoeducación no era sólo literaria. En el transcurso de la década de 1930 se convirtió en un formidable conocedor de pintura, con una concentración especial en la Alemania medieval y el siglo XVII holandés. Las cartas de su visita de seis meses a Alemania versan en su mayor parte sobre arte, sobre pinturas que vio en museos y galerías, o en estudios, en el caso de artistas que no podían exponer públicamente. Esas cartas tienen un interés extraordinario y permiten vislumbrar de forma muy íntima el mundo del arte en Alemania en el apogeo de la ofensiva nazi contra el "arte degenerado" y el "bolchevismo artístico". El momento decisivo de la educación estética de Beckett tiene lugar durante la visita a Alemania, cuando se da cuenta de que es capaz de entrar en diálogo con las pinturas en sus propios términos, sin la mediación de las palabras. "Antes nunca me sentía cómodo con una imagen hasta que era literatura", le escribe a McGreevy en 1936, "pero ahora esa necesidad desapareció". Su guía aquí es Cézanne, que llegó a ver el paisaje natural como "de una extrañeza inabordable", una "disposición ininteligible de átomos", y tuvo la inteligencia de no irrumpir en su extrañeza. En Cézanne "ya no hay entrada ni comercio alguno con el bosque, sus dimensiones son su secreto & no tiene comunicaciones que hacer", escribe Beckett. Una semana después vuelve sobre el tema: Cézanne tiene un sentido de su propia inconmensurabilidad, no sólo con el paisaje, sino –a juzgar por sus autorretratos– con "la vida (...) que opera en él". Aquí resuena la primera verdadera nota de la etapa madura, posthumanista, de Beckett. 4 En cierta medida, fue casual que el irlandés Samuel Beckett terminara convirtiéndose en uno de los maestros de las letras francesas modernas. En su infancia lo enviaron a un colegio bilingüe francoinglés, no porque sus padres quisieran prepararlo para una carrera literaria, sino debido al prestigio social del francés. Dominó el francés porque tenía talento para las lenguas y, cuando las estudiaba, lo hacía de manera muy diligente. No hubo presión alguna que lo llevara a aprender alemán a los veintitantos años, más allá del hecho de que se había enamorado de una prima que vivía en Alemania. Perfeccionó su alemán hasta el punto de que no sólo pudo leer los clásicos alemanes, sino también escribir un alemán correcto si bien en exceso formal. De forma similar, aprendió suficiente castellano para publicar una traducción de poesía mexicana al inglés. Una de las preguntas recurrentes en relación con Beckett es por qué cambió el inglés por el francés como principal lengua literaria. En relación con eso, un documento revelador es una carta que le escribió –en alemán– a un joven llamado Axel Kaun, al que había conocido en el viaje a Alemania de 1936-1937. La carta es una sorpresa por la franqueza con que aborda sus propias ambiciones literarias ante alguien que le era relativamente extraño: no se muestra tan dispuesto a explicarse ni siquiera ante McGreevy. A Kaun le describe el lenguaje como un velo que el escritor moderno tiene que desgarrar si quiere llegar a lo que hay del otro lado, por más que lo que haya del otro lado pueda no ser más que silencio y nada. A ese respecto los escritores quedaron rezagados en relación con los pintores y los músicos (menciona a Beethoven y los silencios en sus partituras). Gertrude Stein, con su estilo verbal minimalista, está en lo correcto, mientras que Joyce avanza en la dirección errada, hacia "una apoteosis de la palabra". Si bien Beckett no le explica a Kaun por qué el francés sería un mejor vehículo que el inglés para la "literatura de la no palabra" a la que aspira, afirma que el "offizielles Englisch", el inglés formal o cultivado, es el mayor obstáculo para sus ambiciones. Un año después empieza a abandonar el inglés y a componer sus nuevos poemas en francés. 5 Thomas McGreevy, a quien Beckett conoció en París en 1928, era su corresponsal más fiel y más cercano a pesar de no pertenecer a su familia. James Knowlson, el biógrafo de Beckett, describe a McGreevy en términos de: "Un hombrecito atractivo que tenía un sentido del humor chispeante (...) (que) transmitía una impresión de elegancia hasta cuando, como solía pasar, no tenía ni una moneda. (...) Era tan seguro, conversador y gregario como desconfiado, callado y solitario era Beckett." Si bien McGreevy era trece años mayor que Beckett, ambos congeniaron de inmediato. Sus estilos de vida itinerantes, sin embargo, hacían que buena parte del tiempo –y por fortuna para la posteridad– sólo se mantuvieran en contacto a través de la correspondencia. Durante diez años intercambiaron cartas de forma periódica, a veces semanal. Luego, por motivos que no se explican (la carta importante de McGreevy se perdió), la correspondencia se interrumpió. McGreevy era poeta y crítico, autor de un estudio sobre T. S. Eliot. Luego de sus Poems de 1934, prácticamente abandonó la poesía y se dedicó a la crítica de arte y después a su trabajo como director de la Galería Nacional de Dublín. En Irlanda hubo una reciente recuperación del interés por él, aunque no tanto por sus logros como poeta, que son limitados, como por sus intentos de importar las prácticas del modernismo internacional al mundo introvertido de la poesía irlandesa. El propio Beckett abrigaba sentimientos ambivalentes respecto de los poemas de McGreevy. Aprobaba la poética vanguardista de su amigo, pero no coincidía con su inclinación católica y nacionalista irlandesa. El Tomo I de la correspondencia comprende más de cien cartas dirigidas a McGreevy, además de extractos de otras quince. Ningún otro corresponsal está representado en una escala comparable. En cuanto a las cartas intercambiadas con las mujeres con las que Beckett tuvo relaciones sentimentales, sólo se reproducen unas pocas, ninguna especialmente íntima, algunas arruinadas como consecuencia de un estilo gracioso muy elaborado. La razón por la cual lo que de manera laxa podríamos llamar correspondencia privada está excluida del tomo es muy simple: cuando Beckett aceptó la publicación, estipuló –estipulación que defendieron sus albaceas y que respetaron los editores actuales– que las cartas se reducirían "a aquellos pasajes relacionados sólo con (su) trabajo." El problema, por supuesto, es que en el caso de un gran escritor, o de un escritor objeto de un análisis crítico tan minucioso como Beckett, cada palabra suya puede leerse en relación con su trabajo. Sin duda llegará el día en que caduquen todas las restricciones legales y pueda tenerse acceso a la totalidad del archivo. Mientras tanto, en este tomo y en los próximos tres tendremos que conformarnos con una selección que –según prometen los editores– comprenderá unas dos mil quinientas cartas y extractos de otras cinco mil. El trabajo editorial que subyace en el proyecto es inmenso. Se rastrea y se da cuenta de cada libro que menciona Beckett, de cada pintura y cada pieza musical. Se siguen los movimientos del escritor semana a semana. Se identifica a todas las personas a las que alude y se proporcionan biografías de sus principales contactos. Cuando escribe en una lengua extranjera se nos brinda tanto el original como una traducción al inglés (excepto algún verso en francés que queda sin traducción, lo que constituye una decisión editorial desconcertante). Aproximadamente las dos terceras partes del tomo están dedicadas al aparato académico, sobre todo a comentarios explicativos. El nivel de los comentarios es excelente. Sólo encontré un error: la antipatía que sentía Beckett por el generalísimo español Franco, está representada como antipatía por Francia. Con las limitaciones que impuso el propio Beckett, The Letters of Samuel Beckett es una edición ejemplar. © The New York Review of Books y Clarín Traducción de Joaquín Ibarburu. Publicado en la Revista Ñ.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La amenaza de Andrómeda

En el clásico film de ciencia ficción "La amenaza de Andrómeda", basado en el bestseller de Michael Crichton, una enfermedad letal de origen extraterrestre, que causa una coagulación rápida y fatal de la sangre, amenaza a la humanidad.

En la vida real, que imita al arte, estas amenazas están a la orden del día. Al menos eso creen los "filántropos" que decidieron crear, a riesgo de su patrimonio, el Banco de Semillas Svalbard.
Sin embargo, siempre hay un descreído (¿un adicto a teorías conspirativas?) que sospecha que en todo esto hay algo que ignoramos.



«Bill Gates, Rockefeller y los gigantes de la biogenética saben algo que ignoramos»William Engdahl

En 2006, cuando la mayoría de las personas en una situación semejante podrían pensar en retirarse a una tranquila isla en el Pacífico, Bill Gates decidió dedicar sus energías a su Fundación Bill y Melinda Gates, la mayor fundación privada 'transparente' del mundo, como dice, con una dotación impresionante de 34.600 millones de dólares, y la necesidad legal de gastar 1.500 millones de dólares al año en proyectos benéficos en todo el mundo para mantener su condición benéfica libre de impuestos.

En 2006, un regalo de unos 30.000 millones de dólares en acciones de Berkshire Hathaway de su amigo y asociado empresarial, el mega inversionista, Warren Buffett, colocó a la fundación de Gates en la liga en la que gasta casi el monto total del presupuesto anual de la Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas.

Así que cuando Bill Gates decide gastar, a través de la Fundación Gates, unos 30 millones de dólares de su bien ganado dinero en un proyecto, vale la pena considerarlo.

Ninguna empresa es más interesante en la actualidad que un curioso proyecto en uno de los sitios más remotos del mundo, Svalbard. Bill Gates invierte millones en un banco de semillas en el Mar de Barents cerca del Océano Ártico, a unos 1.100 kilómetros del Polo Norte. Svalbard es un árido trozo de roca reivindicado por Noruega y cedido en 1925 por un tratado internacional.

En esa isla dejada de la mano de Dios, Bill Gates invierte decenas de sus millones junto con la Fundación Rockefeller, Monsanto Corporation, Syngenta Foundation y el gobierno de Noruega, entre otros, en lo que llaman 'el banco semillero del día del juicio final.' Oficialmente, el proyecto se llama la Cámara Semillera Global Svalbard en la isla noruega de Spitsbergen, parte del grupo de islas Svalbard.
La cámara de semillas del día del juicio final
El banco de semillas es construido dentro de una montaña en la isla Spitsbergen cerca de la pequeña aldea Longyearbyen. Está casi listo para entrar en acción, según sus comunicados de prensa.
El banco tendrá puertas dobles a prueba de explosiones con sensores de movimiento, dos esclusas de aire, y paredes de hormigón reforzado con acero, de un metro de grosor. Contendrá hasta tres millones de variedades diferentes de semillas de todo el mundo, 'para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro,' según el gobierno noruego. Las semillas serán especialmente envueltas para excluir la humedad. No habrá personal a tiempo completo, la relativa inaccesibilidad de la bóveda facilitará el control de toda actividad humana posible.

¿Pasamos algo por alto? Su comunicado de prensa declaró: 'para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro'. ¿Qué futuro prevén los patrocinadores del banco de semillas, que amenazaría la disponibilidad global de las actuales semillas, casi todas las cuales ya están bien protegidas por bancos de semillas en todo el mundo?

Toda vez que Bill Gates, la Fundación Rockefeller, Monsanto y Syngenta se juntan en un proyecto común, vale la pena escarbar un poco más profundo, más allá de las rocas en Spitsbergen. Y encontramos algunas cosas fascinantes.

El primer punto notable es quien auspicia la bóveda de semillas del día del juicio final. A los noruegos se suman, como hemos señalado, la Fundación Bill & Melinda Gates, el gigante estadounidense del agro negocio DuPont/Pioneer Hi-Bred, uno de los mayores dueños del mundo de semillas de plantas patentadas genéticamente modificadas (OGM) y agroquímicos relacionados; Syngenta, la importante compañía de semillas y agroquímicos basada en Suiza, a través de su Fundación Syngenta; la Fundación Rockefeller, el grupo privado que creó la "revolución genética" con más de 100 millones de dólares de capital semilla desde los años setenta; CGIAR, la red global creada por la Fundación Rockefeller para promover su ideal de pureza genética mediante el cambio agrícola.


CGIAR y 'El Proyecto'

Como lo detallé en el libro " Seeds of Destruction" [Semillas de destrucción] (1), en 1960, la Fundación Rockefeller, el Consejo de Desarrollo de la Agricultura de John D. Rockefeller III y la Fundación Ford unieron fuerzas para crear el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) en Los Baños, en las Filipinas. En 1971, el IRRI de la Fundación Rockefeller, junto con su Centro Internacional de Mejora del Maíz y del Trigo basado en México, y otros dos centros internacionales de investigación creados por Rockefeller y la Fundación Ford, la IITA para la agricultura tropical, en Nigeria, y el IRRI para el arroz, en las Filipinas, se combinaron para formar un Grupo Consultivo global sobre la Investigación Internacional de la Agricultura (CGIAR).

CGIAR fue formado en una serie de conferencias privadas realizadas en el centro de conferencias de la Fundación Rockefeller en Bellagio, Italia. Los principales participantes en las conversaciones de Bellagio fueron George Harrar de la Fundación Rockefeller, Forrest Hill de la Fundación Ford, Robert McNamara del Banco Mundial y Maurice Strong, el organizador medioambiental internacional de la familia Rockefeller quien, como fideicomisario de la Fundación Rockefeller, organizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972. Formó parte del enfoque durante decenios de la fundación por convertir a la ciencia al servicio de la eugenesia, una versión execrable de la pureza racial, que ha sido llamada 'El Proyecto.'

Para asegurar el máximo impacto, el CGIAR incorporó a la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO), el Programa de Desarrollo de la ONU y el Banco Mundial. Por lo tanto, a través de un apalancamiento cuidadosamente planificado de sus fondos iniciales, la Fundación Rockefeller estuvo en condiciones a comienzos de los años setenta de conformar la política agrícola global. Y así lo hizo.

Financiado por generosas becas de estudio de Rockefeller y de la Fundación Ford, CGIAR aseguró que destacados científicos agrícolas y agrónomos del Tercer Mundo fueran llevados a EE.UU. para 'dominar' los conceptos de la producción del agro negocio moderno, a fin de llevarlos de vuelta a sus patrias. Al hacerlo crearon una invaluable red de influencia para la promoción del agro negocio de EE.UU. en esos países, especialmente la promoción de la "Revolución genética" OGM en los países en desarrollo, todo en nombre de la ciencia y de la agricultura eficiente de libre mercado.


¿Ingeniería genética de una raza superior?

Ahora el Banco de Semillas Svalbard se pone interesante. Pero se pone mejor. 'El Proyecto' al que me refería es el proyecto de la Fundación Rockefeller y de poderosos intereses financieros desde los años veinte para el uso de la eugenesia, rebautizada posteriormente como genética, para justificar la creación de una Raza Superior genéticamente modificada. Hitler y los nazis la llamaron la Raza Superior Aria.

La eugenesia de Hitler fue financiada considerablemente por la misma Fundación Rockefeller que actualmente construye una cámara acorazada de semillas del día del juicio final para preservar muestras de cada semilla de nuestro planeta. Ahora la cosa se vuelve verdaderamente fascinante. La misma Fundación Rockefeller creó la disciplina pseudo-científica de la biología molecular en su inexorable búsqueda de la reducción de la vida humana a "secuencias de genes definidoras" que esperaban, podrían luego ser modificadas para cambiar a voluntad las características humanas.

Los científicos eugenistas de Hitler, muchos de los cuales fueron silenciosamente llevados a EE.UU. después de la Guerra para continuar su investigación eugénica, crearon gran parte del trabajo en la que se basó la ingeniería genética de varias formas de vida, en gran parte apoyada abiertamente hasta bien avanzado el Tercer Reich por generosos subsidios de la Fundación Rockefeller. (2)

La misma Fundación Rockefeller creó la así llamada Revolución Verde, después de un viaje a México en 1946 de Nelson Rockefeller y del antiguo Secretario de Agricultura del Nuevo Trato y fundador de la Pioneer Hi-Bred Seed Company, Henry Wallace.

La Revolución Verde pretendía solucionar considerablemente el problema del hambre en el mundo en México, India y en otros países seleccionados en los que trabajaba Rockefeller. El agrónomo de la Fundación Rockefeller, Norman Borlaug, obtuvo un Premio Nobel de la Paz por su trabajo, aunque no es algo de lo que alguien se pueda enorgullecer si gente como Henry Kissinger también lo comparten.

En realidad, como quedó en claro años más tarde, la Revolución Verde fue un brillante ardid de la familia Rockefeller para desarrollar un agro negocio globalizado que luego podría monopolizar igual como lo había hecho medio siglo antes con la industria petrolera mundial. Como declarara Henry Kissinger en los años setenta: "Si se controla el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se controla a la población."

El agro negocio y la Revolución Verde de Rockefeller iban de la mano. Formaban parte de una grandiosa estrategia que incluía el financiamiento por la Fundación Rockefeller de la investigación para el desarrollo de la ingeniería genética de plantas y animales unos pocos años más tarde.

John H. Davis había sido Secretario de Agricultura Adjunto bajo el presidente Dwight Eisenhower a comienzos de los años cincuenta. Abandonó Washington en 1955 y fue a la Escuela de Postgrado de Administración de Empresas de Harvard, un sitio poco usual para un experto en agricultura en esos días. Tenía una estrategia bien definida. En 1956, Davis escribió un artículo en la Harvard Business Review en el que declaró que "la única manera de resolver de una vez por todas el así llamado problema agrícola, y de evitar engorrosos programas gubernamentales, es pasar de la agricultura al agro negocio." Sabía precisamente lo que se proponía, aunque pocos tenían la menor idea en aquel entonces – una revolución en la producción agrícola que concentrara el control de la cadena alimentaria en manos corporativas multinacionales, lejos del agricultor familiar tradicional. (3)

Un aspecto crucial que impulsaba el interés de la Fundación Rockefeller y de las compañías de agro negocios de EE.UU. era el hecho de que la Revolución Verde se basaba en la proliferación de nuevas semillas híbridas en los mercados en desarrollo. Un aspecto vital de las semillas híbridas era su falta de capacidad reproductiva. Las híbridas incorporaban una protección contra la multiplicación.

A diferencia de especies normales polinizadas abiertamente, cuyas semillas permitían rendimientos similares a los de sus progenitores, el rendimiento de las semillas dadas por plantas híbridas era significativamente inferior al de la primera generación.

Esa característica de rendimiento disminuyente de las híbridas significa que los agricultores deben normalmente comprar semillas cada año a fin de obtener altos rendimientos. Además, el reducido rendimiento de la segunda generación eliminó el comercio en semillas que es a menudo realizado por productores de semillas sin la autorización del cultivador. Impidió la redistribución de las semillas del cultivo comercial por intermediarios.

Si las grandes compañías semilleras multinacionales podían controlar las líneas paternales de semillas en casa, ningún competidor o agricultor podría producir la semilla híbrida. La concentración global de patentes de semillas híbridas en un puñado de gigantescas compañías semilleras, dirigidas por Pioneer Hi-Bred de DuPont y Dekalb de Monsanto estableció la base para la ulterior revolución de la semilla OGM. (4)

En efecto, la introducción de la tecnología agrícola moderna estadounidense, de fertilizantes químicos y semillas híbridas comerciales, contribuyeron en conjunto a hacer que los agricultores locales en los países en desarrollo, particularmente los mayores, más establecidos, dependieran del aporte del agro negocio y de las compañías petroquímicas, en su mayoría estadounidenses. Fue un primer paso en lo que se convertiría en un proceso cuidadosamente planificado, que duró décadas.

Bajo la Revolución Verde, el agro negocio hizo importantes avances en mercados que previamente ofrecían un acceso limitado a los exportadores de EE.UU. La tendencia fue posteriormente apodada "agricultura orientada al mercado." En realidad se trataba de agricultura controlada por el agro negocio.

Mediante la Revolución Verde, la Fundación Rockefeller y posteriormente la Fundación Ford, trabajaron mano en mano conformando y apoyando los objetivos de política exterior de la Agencia por el Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y de la CIA.

Un importante efecto de la Revolución fue la despoblación del campo de campesinos que fueron obligados a huir a los barrios de chabolas alrededor de las ciudades en una búsqueda desesperada de trabajo. No fue por accidente. Formaba parte de un plan para crear reservas de mano de obra barata para futuras manufacturas multinacionales de EE.UU., la 'globalización' de los últimos años.

Cuando terminó el autobombo alrededor de la Revolución Verde, los resultados fueron bastante diferentes de lo que se había prometido. Surgieron problemas por el uso indiscriminado de los nuevos pesticidas químicos, a menudo con serias consecuencias para la salud. Con el pasar del tiempo el monocultivo de nuevas variedades de semillas híbridas redujo la fertilidad del suelo y el rendimiento. Los primeros resultados fueron impresionantes; rendimientos dobles o incluso triples de algunos cultivos tales como el trigo y después el maíz en México. Pero eso pronto se desvaneció.

La Revolución Verde fue típicamente acompañada por grandes proyectos de irrigación que a menudo incluían préstamos del Banco Mundial para construir nuevas inmensas represas, y en la inundación de áreas previamente habitadas y de tierras fértiles al hacerlo. El súper-trigo también produjo mayores rendimientos saturando el suelo con inmensas cantidades de fertilizante por hectárea, y el fertilizante era producto de nitratos y de petróleo, materias primas controladas por las Siete Hermanas, importantes compañías petroleras controladas por los Rockefeller.

También se utilizaron inmensas cantidades de herbicidas y pesticidas, creando mercados adicionales para los gigantes del petróleo y de la química. Como lo describió un analista, en efecto, la Revolución Verde fue sólo una revolución química. En ningún momento podrían las naciones en desarrollo pagar por las inmensas cantidades de fertilizantes químicos y pesticidas. Obtendrían los créditos por cortesía del Banco Mundial y préstamos especiales de Chase Bank y otros grandes bancos de Nueva York, respaldados por garantías del gobierno de EE.UU.

Aplicados en una gran cantidad de países en desarrollo, esos préstamos fueron recibidos sobre todo por grandes terratenientes. Para los pequeños campesinos la situación se desarrolló de otra manera. Los pequeños agricultores campesinos no podían permitirse los productos químicos y otros insumos modernos y tenían que pedir prestado dinero.

Varios programas gubernamentales trataron inicialmente de suministrar algunos préstamos a los agricultores para que pudieran adquirir semillas y fertilizantes. Los agricultores que no pudieron participar en este tipo de programa tuvieron que pedir prestado dinero del sector privado. Por las exorbitantes tasas de interés para préstamos informarles, numerosos agricultores pequeños ni siquiera obtuvieron los beneficios de los altos rendimientos iniciales. Después de la cosecha, tuvieron que vender la mayor parte, si no todos sus productos, para pagar préstamos e intereses. Llegaron a depender de prestamistas y comerciantes y a menudo perdieron sus tierras. Incluso con préstamos a condiciones favorables de agencias gubernamentales, la plantación de cultivos de subsistencia cedió ante la producción de cultivos comerciales. (5)

Desde decenios los mismos intereses, que incluyen a la Fundación Rockefeller que respaldó la Revolución Verde inicial, han trabajado para promover una segunda "Revolución Genética" como el presidente de la Fundación Rockefeller, Gordon Conway, la llamó hace varios años: la difusión de la agricultura industrial y de insumos comerciales incluyendo las semillas patentadas OGM.


Gates, Rockefeller y una Revolución Verde en África
Si se tiene presente el verdadero antecedente de la Revolución Verde de la Fundación Rockefeller en los años cincuenta, se hace especialmente extraño que esa misma Fundación Rockefeller junto con la Fundación Gates, que invierte millones de dólares para preservar cada semilla contra un posible escenario "del día del juicio final," también estén invirtiendo millones en un proyecto llamado "Alianza por una Revolución Verde en África."

AGRA, como se llama, es una vez más una alianza con la misma Fundación Rockefeller que creó la "Revolución Genética." Una mirada al Consejo Directivo de AGRA lo confirma.

Incluye nada menos que al ex Secretario General de la ONU, Kofi Annan, como presidente. En su discurso de aceptación en un evento del Foro Económico Mundial en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en junio de 2007, Kofi Annan declaró: "Acepto este desafío con gratitud a la Fundación Rockefeller, a la Fundación Bill & Melinda Gates, y a todos los demás que apoyan nuestra campaña africana."

El consejo de AGRA cuenta además con un sudafricano, Strive Masiyiwa, quien es un Fideicomisario de la Fundación Rockefeller. Incluye a Sylvia M. Mathews de la Fundación Bill & Melinda Gates; Mamphela Ramphele, ex directora gerente del Banco Mundial (2000 – 2006); Rajiv J. Shah de la Fundación Gates Foundation; Nadya K. Shmavonian de la Fundación Rockefeller; Roy Steiner de la Fundación Gates. Además, la Alianza para AGRA incluye a Gary Toenniessen, director gerente de la Fundación Rockefeller y a Akinwumi Adesina, director asociado, de la Fundación Rockefeller.

Para completar la rueda, los Programas para AGRA incluyen a Peter Matlon, director gerente de la Fundación Rockefeller; Joseph De Vries, director del Programa para Sistemas de Semillas de África y director asociado de la Fundación Rockefeller; Akinwumi Adesina, director asociado de la Fundación Rockefeller. Como la antigua Revolución Verde fracasada en India y México, la nueva Revolución Verde en África es evidentemente una importante prioridad de la Fundación Rockefeller.

Mientras hasta la fecha tratan de no llamar la atención, se considera que Monsanto y los principales gigantes del negocio de los OGM están en medio del uso de la AGRA de Kofi Annan para difundir sus semillas OGM patentadas por toda África bajo la engañosa etiqueta de 'biotecnología,' el nuevo eufemismo para semillas patentadas genéticamente modificadas. Hasta la fecha, Sudáfrica es el único país africano que permite la plantación legal de cultivos de OGM. En 2003 Burkina Faso autorizó pruebas con OGM. En 2005 Ghana, de Kofi Annan, preparó legislación de bioseguridad y responsables clave expresaron sus intenciones de continuar la investigación de cultivos OGM.

África es el próximo objetivo de la campaña del gobierno de EE.UU. por extender los OGM a todo el mundo. Sus ricos suelos la convierten en un candidato ideal. No sorprende que numerosos gobiernos africanos sospechen lo peor de los padrinos de los OGM ya que una multitud de proyectos de modificación genética y de bioseguridad han sido iniciados en África, con el objetivo de introducir los OGM en los sistemas agrícolas africanos. Estos incluyen patrocinios ofrecidos por el gobierno de EE.UU. para capacitar en EE.UU. a científicos africanos en ingeniería genética, proyectos de bioseguridad financiados por la Agencia de Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y el Banco Mundial; la investigación en OGM involucrando cultivos alimentarios indígenas africanos.

La Fundación Rockefeller ha estado trabajando durante años para promover, en gran parte infructuosamente, proyectos por introducir los OGM en los campos de África. Ha respaldado investigación que apoya la aplicabilidad del algodón OGM en las llanuras de Makhathini en Sudáfrica.

Monsanto, que tiene un punto de apoyo sólido en la industria semillera de Sudáfrica, tanto en OGM como en híbridas, ha concebido un ingenioso programa para minifundistas conocido como la Campaña de las 'Semillas de la Esperanza,' que está introduciendo un paquete 'revolución verde' a agricultores pobres en pequeña escala, seguido, por cierto, por semillas OGM patentadas de Monsanto. (6)

Syngenta AG de Suiza, uno de los "Cuatro Jinetes del día del juicio final OGM" está lanzando millones de dólares a una nueva instalación de invernaderos en Nairobi, para desarrollar maíz OGM resistente a los insectos. Syngenta también forma parte de CGIAR. (7)


Pasamos a Svalbard
¿Se trata simplemente de un descuido filosófico? ¿Qué lleva a las fundaciones Gates y Rockefeller a respaldar al mismo tiempo la proliferación en toda África de semillas Terminator patentadas y a punto de ser patentadas, un proceso que, como ha sucedido en todos los demás sitios en el planeta, destruye las variedades de semillas de plantas al introducir el agro negocio del monocultivo industrializado? Al mismo tiempo, invierten decenas de millones de dólares para preservar toda variedad de semillas conocida en una cámara del día del juicio final a prueba de bombas cerca del remoto Círculo Ártico 'para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro' para citar su comunicado oficial.

No es por accidente que las fundaciones Rockefeller y Gates se unan para impulsar una Revolución Verde al estilo OGM en África al mismo tiempo que financian silenciosamente la 'cámara de semillas del Día del juicio final' en Svalbard. Los gigantes del agro negocio están metidos hasta el cuello en el proyecto Svalbard.

Por cierto, toda la operación Svalbard y la gente involucrada recuerdan las peores imágenes catastróficas del éxito de ventas de Michael Crichton: "La Amenaza De Andromeda," una película de suspenso de ciencia ficción en la que una enfermedad letal de origen extraterrestre causa una coagulación rápida y fatal de la sangre que amenaza a toda la especie humana.

En Svalbard, el depósito más seguro de semillas del mundo del futuro será guardado por los policías de la Revolución Verde OGM – las fundaciones Rockefeller y Gates, Syngenta, DuPont y CGIAR.

El proyecto Svalbard será operado por una organización llamada Fundación mundial por la diversidad de los cultivos (GCDT). ¿Quiénes son para poseer una responsabilidad tan impresionante sobre todas las variedades de semillas del planeta? La GCDT fue fundada por la FAO y Bioversity International (anteriormente el Instituto Internacional de Investigación Genética de Plantas), un vástago de la CGIAR.

La Fundación mundial por la diversidad de los cultivos (GCDT) está basada en Roma. Su consejo es presidido por Margaret Catley-Carlson, canadiense, quien también está en el consejo consultivo de Group Suez Lyonnaise des Eaux, una de las mayores compañías privadas de aguas del mundo. Catley-Carlson también fue presidente hasta 1998 del Population Council, basado en Nueva York, la organización de reducción de la población de John D. Rockefeller, establecida en 1952, para hacer progresar el programa de eugenesia de la familia Rockefeller bajo la cobertura de promover la "planificación familiar," dispositivos de contracepción, esterilización y "control de la población" en los países en desarrollo.

Otros miembros del consejo de GCDT incluyen al antiguo ejecutivo del Bank of America y actualmente jefe de Animación de Hollywood DreamWorks, Lewis Coleman. Coleman es también jefe del consejo director de Northrup Grumman Corporation, uno de los principales contratistas del Pentágono en la industria militar de EE.UU.

Jorio Dauster (Brasil) es también presidente del consejo de Brasil Ecodiesel. Es ex embajador de Brasil en la Unión Europea, y negociador jefe de la deuda externa de Brasil para el Ministerio de Finanzas. Dauster también ha servido como presidente del Instituto Brasileño del Café y como coordinador del Proyecto por la Modernización del sistema de patentes de Brasil, que involucra la legalización de patentes sobre semillas genéticamente modificadas, algo que hasta hace poco estaba prohibido por las leyes brasileñas.

Cary Fowler es director ejecutivo de la Fundación. Fowler fue profesor y director de investigación en el Departamento de Estudios del Medioambiente Internacional y de Desarrollo en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida. También fue consejero sénior del director general de Bioversity International. Allí representó a los Future Harvest Centres del CGIAR en negociaciones sobre el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. En los años noventa, dirigió el Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos (IPGRI), en la FAO. Redactó y supervisó las negociaciones del Plan de acción mundial para la conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura de la FAO, adoptado por 150 países en 1996.

Es ex miembro del Consejo Nacional de Recursos Fitogenéticos de EE.UU. y del Consejo de Administración del Centro Internacional de Mejora del Maíz y del Trigo en México, otro proyecto de la Fundación Rockefeller y del CGIAR.

El miembro del consejo del GCDT, Dr. Mangala Rai de India, es secretario del Departamento de Investigación y Educación Agrícola de India (DARE), y director general del Consejo Indio de Investigación Agrícola (ICAR). También es miembro del consejo del Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) de la Fundación Rockefeller, que promovió el primer experimento de importancia con OGM del mundo, el tan exageradamente promocionado 'Arroz de oro' que resultó ser un fracaso. Rai ha servido como miembro del consejo de CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo), y miembro del Consejo Ejecutivo del CGIAR.

Los donantes o ángeles financistas de la Fundación Global de Diversidad de los Cultivos incluyen también, para utilizar las palabras clásicas de Humphrey Bogart en Casablanca: "a todos los sospechosos usuales." Junto a las fundaciones Rockefeller y Gates, los donantes incluyen a los gigantes de los OGM DuPont-Pioneer Hi-Bred, Syngenta of Basle Switzerland, CGIAR y a la Agencia, favorable a los OGM, por la Ayuda al Desarrollo (USAID) enérgicamente promovida por el Departamento de Estado. Parece, por cierto, que tenemos a los zorros de las OGM y de la reducción de la población protegiendo al gallinero de la humanidad, el almacén de la diversidad global de semillas en Svalbard. (8)


¿Por qué Svalbard justo ahora?
Podemos legítimamente preguntar por qué Bill Gates y la Fundación Rockefeller junto con los principales genéticos del agro negocio de la modificación genética como DuPont y Syngenta, junto con el CGIAR, están construyendo la cámara de semillas del día del juicio final en el Ártico.

En primer lugar, ¿quién utiliza un banco de semillas semejante? Los cultivadores e investigadores de plantas son los principales utilizadores de bancos de genes. Los principales cultivadores de plantas de la actualidad son Monsanto, DuPont, Syngenta y Dow Chemical, los gigantes globales de las patentes de plantas OGM. Desde comienzos de 2007 Monsanto tiene derechos de patentes mundiales junto con el gobierno de EE.UU. para la planta así llamada "Terminator" o GURT (acrónimo inglés de Grupo de Tecnologías de Restricción de Uso).

Terminator es una siniestra tecnología mediante la cual una semilla comercial patentada se 'suicida' después de una cosecha. El control por las compañías semilleras privadas es total.

Un tal control y poder sobre la cadena alimentaria nunca ha existido previamente en la historia de la humanidad.

Esta variedad Terminator astutamente modificada genéticamente obliga a los agricultores a volver cada año a Monsanto o a otros proveedores de semillas OGM para conseguir nuevas semillas para arroz, soya, maíz, trigo, cualquier cultivo que necesiten para alimentar a su población. Si fuera ampliamente introducida en todo el mundo, posiblemente podría convertir en una década o algo así a la mayor parte de los productores de alimentos del mundo en nuevos siervos feudales esclavizados por tres o cuatro compañías semilleras gigantes como Monsanto, DuPont o Dow Chemical.

Eso, desde luego, podría también abrir la puerta para que esas compañías privadas, tal vez bajo órdenes de su gobierno anfitrión, Washington, nieguen las semillas a uno u otro país en desarrollo cuya política se pueda volver contra la de Washington. Los que dicen: "No puede pasar aquí" harían bien en estudiar más de cerca lo que pasa actualmente en el mundo. La simple existencia de esa concentración de poder en tres o cuatro gigantes del agro negocio privado basados en EE.UU. es motivo suficiente para prohibir legalmente todos los cultivos OGM, incluso si sus ventajas en la cosecha fueran reales, lo que manifiestamente no es el caso.

No se puede decir que esas compañías privadas: Monsanto, DuPont, Dow Chemical tengan antecedentes inmaculados en términos de manejo de la vida humana. Desarrollaron y proliferaron invenciones como la dioxina, los PCB, el Agente Naranja. Encubrieron durante décadas evidencia obvia de consecuencias carcinogénicas u otras severas para la salud humana del uso de productos químicos tóxicos. Han enterrado informes científicos serios de que el herbicida más generalizado del mundo, glifosato, el ingrediente esencial en el herbicida Roundup de Monsanto vinculado a la compra de la mayoría de las semillas genéticamente modificadas de Monsanto, es tóxico cuando se escurre al agua potable. (9) Dinamarca prohibió el glifosato en 2003 cuando confirmó que ha contaminado el agua subterránea del país. (10)

La diversidad almacenada en bancos genéticos de semillas es la materia prima para el cultivo de plantas y para una gran parte de la investigación biológica básica. Varios cientos de miles de muestras son distribuidas cada año con esos propósitos. La FAO de la ONU enumera unos 1.400 bancos de semillas en todo el mundo, el mayor es el del gobierno de EE.UU. Otros grandes bancos son mantenidos por China, Rusia, Japón, India, Corea del Sur, Alemania y Canadá en orden de tamaño descendiente. Además, CGIAR opera una cadena de bancos de semillas en centros seleccionados en todo el mundo.

CGIAR, establecido en 1972 por la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford para propagar su modelo del agro negocio de la Revolución Verde, controla la mayor parte de los bancos de semillas privados desde las Filipinas a Siria, a Kenia. En total esos bancos de semillas actuales tienen más de seis millones y medio de variedades de semillas, casi dos millones de las cuales son 'diferentes.' La cámara del día del juicio final de Svalbard tendrá capacidad para albergar cuatro millones y medio semillas diferentes.


¿Los OGM como arma de la guerra biológica?
Ahora llegamos al centro del peligro y al potencial para abuso inherentes en el proyecto Svalbard de Bill Gates y de la Fundación Rockefeller. ¿Puede el desarrollo de semillas patentadas para la mayoría de los principales cultivos de subsistencia del mundo como ser arroz, maíz, trigo, y granos alimenticios como la soya, ser utilizado en última instancia en una forma horrible de guerra biológica?

El objetivo explícito del lobby de la eugenesia financiado desde los años veinte por acaudaladas familias de la elite como los Rockefeller, Carnegie, Harriman y otros, ha encarnado lo que llamaron 'eugenesia negativa:' acabar sistemáticamente con linajes indeseables. Margaret Sanger, una eugenicista diligente, fundadora de la Federación Internacional para la Planificación Familiar e íntima de la familia Rockefeller, creó en 1939 algo llamado el "Proyecto negro," basado en Harlem, que, como confió en una carta a un amigo, todo lo que se proponía era, como dijera, 'que queremos exterminar a la población negra.' [11]

Una pequeña compañía de biotecnología de California, Epicyte, anunció en 2001 el desarrollo de maíz genéticamente modificado que contenía un espermicida que esterilizaba el semen de los hombres que lo comían. En esa época, Epicyte tenía un acuerdo de sociedad conjunta para propagar su tecnología con DuPont y Syngenta, dos de los patrocinadores de la cámara de Semillas del día del juicio final en Svalbard. Posteriormente, Epicyte fue adquirida por una compañía de biotecnología de Carolina del Norte. Fue sorprendente saber que Epicyte había desarrollado su maíz OGM espermicida con fondos de investigación del Departamento de Agricultura de EE.UU. [USDA], el mismo que, a pesar de la oposición mundial, siguió financiando el desarrollo de la tecnología Terminator, ahora en manos de Monsanto.

En los años noventa, la Organización Mundial de la Salud de la ONU lanzó una campaña para vacunar a millones de mujeres en Nicaragua, México y las Filipinas entre las edades de 15 y 45 años, supuestamente contra el tétano, una enfermedad que resulta de cosas como pisar un clavo oxidado. La vacuna no fue suministrada a hombres o muchachos, a pesar de que presumiblemente es tan probable que pisen sobre clavos oxidados como las mujeres.

Por esta curiosa anomalía, el Comité Pro Vida de México, una organización católica laica entró en sospechas e hizo que se realizaran pruebas con muestras de la vacuna. Los ensayos revelaron que la vacuna contra el tétano propagada por la OMS sólo para las mujeres de edad de procrear contenían Gonadotropina Coriónica o hCG, una hormona natural que cuando es combinada con un portador de anatoxina tetánica estimula anticuerpos que hacen que una mujer sea incapaz de sustentar un embarazo. No se informó a ninguna de las mujeres vacunadas.

Más adelante se supo que la Fundación Rockefeller junto con el Consejo de la Población de Rockefeller, el Banco Mundial (casa del CGIAR), y el Instituto Nacional de Salud de EE.UU. habían estado involucrados en un proyecto de 20 años de duración iniciado en 1972 para desarrollar la encubierta vacuna abortiva con un portador de tétano para la OMS. Además, el gobierno de Noruega, anfitrión de la cámara de Semillas del día del juicio final de Svalbard, donó 41 millones de dólares para desarrollar la vacuna abortiva especial contra el tétano. (12)

¿Será coincidencia que esas mismas organizaciones, desde Noruega, a la Fundación Rockefeller, al Banco Mundial, estén también involucradas con el proyecto del banco de semillas en Svalbard? Según el profesor Francis Boyle, quien redactó la Ley Antiterrorista de Armas Biológicas de 1989 promulgada por el Congreso de EE.UU.: "el Pentágono se prepara ahora para librar y ganar la guerra biológica" como parte de dos directivas de estrategia nacional de Bush adoptadas, señala, "sin conocimiento y estudio público" en 2002. Boyle agrega que sólo en 2001-2004 el gobierno federal de EE.UU. gastó 14.500 millones de dólares en trabajo civil relacionado con la guerra biológica, una suma asombrosa.

El biólogo de la Universidad Rutgers, Richard Ebright, estima que más de 300 instituciones científicas y unos 12.000 individuos en EE.UU. tienen actualmente acceso a patógenos adecuados para la guerra biológica. Hay 497 subsidios de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud) de EE.UU. sólo para investigación de enfermedades infecciosas con potencial para la guerra biológica. Por cierto esto es justificado bajo la rúbrica de la defensa contra posibles ataques terroristas como tantas cosas en la actualidad.

Muchos de los dólares del gobierno de EE.UU. gastados en la investigación para la guerra biológica tienen que ver con la ingeniería genética. El profesor de biología del MIT, Jonathan King, dice que "los crecientes programas de bioterror representan un importante peligro emergente para nuestra propia población." King agrega: "mientras tales programas son siempre llamados defensivos, con armas biológicas, los programas defensivos y ofensivos se entrecruzan casi por completo." (13)

El tiempo dirá si, Dios no lo quiera, el banco de semillas del día del juicio final de Svalvard de Bill Gates y la Fundación Rockefeller forma parte de otra Solución Final, involucrando la extinción del difunto, gran planeta Tierra.

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F. William Engdahl, investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (Centre for Research on Globalization (CRG)) es uno de los principales analistas del Nuevo Orden Mundial. Es autor de A Century of War: Anglo-American Oil Politics and the New World Order, publicado por Pluto Press Ltd. Su nuevo libro, Seeds of Destruction, The Hidden Agenda of Genetic Manipulation, estará disponible en Global Research muy pronto. Sus escritos pueden ser consultados en www.engdahl.oilgeopolitics.net y en Global Research

martes, 28 de abril de 2009

La paradoja andante

El autor del emblemático "Las venas abiertas de América Latina", que acaba de batir record de ventas a cuarenta años de su primera edición, gracias a que a Chávez se le ocurrió regalárselo a Obama en la Cumbre de las Américas, resume, con la destreza que lo caracteriza, el último de sus libros publicados.















Eduardo Galeano




Cada día, leyendo los diarios, asisto a una clase de historia.
Los diarios me enseñan por lo que dicen y por lo que callan.
La historia es una paradoja andante. La contradicción le mueve las piernas. Quizá por eso sus silencios dicen más que sus palabras y con frecuencia sus palabras revelan, mintiendo, la verdad.
De aquí a poco se publicará un libro mío que se llama Espejos. Es algo así como una historia universal, y perdón por el atrevimiento. "Yo puedo resistir todo, menos la tentación", decía Oscar Wilde, y confieso que he sucumbido a la tentación de contar algunos episodios de la aventura humana en el mundo, desde el punto de vista de los que no han salido en la foto.
Por decirlo de alguna manera, se trata de hechos no muy conocidos.
Aquí resumo algunos, algunitos nomás.
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Cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al Africa, no a París.
Algún tiempo después, cuando ya sus hijos se habían lanzado a los caminos del mundo, se inventó la escritura. En Irak, no en Texas.
También el álgebra se inventó en Irak. La fundó Mohamed al Jwarizmi, hace mil doscientos años, y las palabras algoritmo y guarismo derivan de su nombre.
Los nombres suelen no coincidir con lo que nombran. En el British Museum, pongamos por caso, las esculturas del Partenón se llaman "mármoles de Elgin", pero son mármoles de Fidias. Elgin se llamaba el inglés que las vendió al museo.
Las tres novedades que hicieron posible el Renacimiento europeo, la brújula, la pólvora y la imprenta, habían sido inventadas por los chinos, que también inventaron casi todo lo que Europa reinventó.
Los hindúes habían sabido antes que nadie que la Tierra era redonda y los mayas habían creado el calendario más exacto de todos los tiempos.
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En 1493, el Vaticano regaló América a España y obsequió el Africa negra a Portugal, "para que las naciones bárbaras sean reducidas a la fe católica". Por entonces, América tenía quince veces más habitantes que España y el Africa negra cien veces más que Portugal.
Tal como había mandado el Papa, las naciones bárbaras fueron reducidas. Y muy.
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Tenochtitlán, el centro del imperio azteca, era de agua. Hernán Cortés demolió la ciudad, piedra por piedra, y con los escombros tapó los canales por donde navegaban doscientas mil canoas. Esta fue la primera guerra del agua en América. Ahora Tenochtitlán se llama México DF. Por donde corría el agua, corren los autos.
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El monumento más alto de la Argentina se ha erigido en homenaje al general Roca, que en el siglo diecinueve exterminó a los indios de la Patagonia.
La avenida más larga del Uruguay lleva el nombre del general Rivera, que en el siglo diecinueve exterminó a los últimos indios charrúas.
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John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos.
Mientras nacía el siglo dieciocho, el primero de los borbones, Felipe V, estrenó su trono firmando un contrato con su primo, el rey de Francia, para que la Compagnie de Guinée vendiera negros en América. Cada monarca llevaba un 25 por ciento de las ganancias.
Nombres de algunos navíos negreros: Voltaire, Rousseau, Jesús, Esperanza, Igualdad, Amistad.
Dos de los Padres Fundadores de los Estados Unidos se desvanecieron en la niebla de la historia oficial. Nadie recuerda a Robert Carter ni a Gouverner Morris. La amnesia recompensó sus actos. Carter fue el único prócer de la independencia que liberó a sus esclavos. Morris, redactor de la Constitución, se opuso a la cláusula que estableció que un esclavo equivalía a las tres quintas partes de una persona.
"El nacimiento de una nación", la primera superproducción de Hollywood, se estrenó en 1915, en la Casa Blanca. El presidente, Woodrow Wilson, la aplaudió de pie. El era el autor de los textos de la película, un himno racista de alabanza al Ku Klux Klan.
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Algunas fechas:
Desde el año 1234, y durante los siete siglos siguientes, la Iglesia Católica prohibió que las mujeres cantaran en los templos. Eran impuras sus voces, por aquel asunto de Eva y el pecado original.
En el año 1783, el rey de España decretó que no eran deshonrosos los trabajos manuales, los llamados "oficios viles", que hasta entonces implicaban la pérdida de la hidalguía.
Hasta el año 1986, fue legal el castigo de los niños en las escuelas de Inglaterra, con correas, varas y cachiporras.
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En nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la Revolución Francesa proclamó en 1793 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entonces, la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. La guillotina le cortó la cabeza.
Medio siglo después, otro gobierno revolucionario, durante la Primera Comuna de París, proclamó el sufragio universal. Al mismo tiempo, negó el derecho de voto a las mujeres, por unanimidad menos uno: 899 votos en contra, uno a favor.
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La emperatriz cristiana Teodora nunca dijo ser revolucionaria, ni cosa por el estilo. Pero hace mil quinientos años el imperio bizantino fue, gracias a ella, el primer lugar del mundo donde el aborto y el divorcio fueron derechos de las mujeres.
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El general Ulises Grant, vencedor en la guerra del norte industrial contra el sur esclavista, fue luego presidente de los Estados Unidos.
En 1875, respondiendo a las presiones británicas, contestó:
–Dentro de doscientos años, cuando hayamos obtenido del proteccionismo todo lo que nos puede ofrecer, también nosotros adoptaremos la libertad de comercio.
Así pues, en el año 2075, la nación más proteccionista del mundo adoptará la libertad de comercio.
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Lootie, "Botincito", fue el primer perro pequinés que llegó a Europa.
Viajó a Londres en 1860. Los ingleses lo bautizaron así porque era parte del botín arrancado a China, al cabo de las dos largas guerras del opio.
Victoria, la reina narcotraficante, había impuesto el opio a cañonazos. China fue convertida en una nación de drogadictos, en nombre de la libertad, la libertad de comercio.
En nombre de la libertad, la libertad de comercio, Paraguay fue aniquilado en 1870. Al cabo de una guerra de cinco años, este país, el único país de las Américas que no debía un centavo a nadie, inauguró su deuda externa. A sus ruinas humeantes llegó, desde Londres, el primer préstamo. Fue destinado a pagar una enorme indemnización a Brasil, Argentina y Uruguay. El país asesinado pagó a los países asesinos, por el trabajo que se habían tomado asesinándolo.
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Haití también pagó una enorme indemnización. Desde que en 1804 conquistó su independencia, la nueva nación arrasada tuvo que pagar a Francia una fortuna, durante un siglo y medio, para expiar el pecado de su libertad.
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Las grandes empresas tienen derechos humanos en los Estados Unidos. En 1886, la Suprema Corte de Justicia extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas, y así sigue siendo.
Pocos años después, en defensa de los derechos humanos de sus empresas, los Estados Unidos invadieron diez países, en diversos mares del mundo.
Entonces Mark Twain, dirigente de la Liga Antiimperialista, propuso una nueva bandera, con calaveritas en lugar de estrellas, y otro escritor, Ambrose Bierce, comprobó:
–La guerra es el camino que Dios ha elegido para enseñarnos geografía.
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Los campos de concentración nacieron en Africa. Los ingleses iniciaron el experimento, y los alemanes lo desarrollaron. Después Hermann Göring aplicó, en Alemania, el modelo que su papá había ensayado, en 1904, en Namibia. Los maestros de Joseph Mengele habían estudiado, en el campo de concentración de Namibia, la anatomía de las razas inferiores. Los cobayos eran todos negros.
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En 1936, el Comité Olímpico Internacional no toleraba insolencias. En las Olimpíadas de 1936, organizadas por Hitler, la selección de fútbol de Perú derrotó 4 a 2 a la selección de Austria, el país natal del Führer. El Comité Olímpico anuló el partido.
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A Hitler no le faltaron amigos. La Rockefeller Foundation financió investigaciones raciales y racistas de la medicina nazi. La Coca-Cola inventó la Fanta, en plena guerra, para el mercado alemán. La IBM hizo posible la identificación y clasificación de los judíos, y ésa fue la primera hazaña en gran escala del sistema de tarjetas perforadas.
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En 1953, estalló la protesta obrera en la Alemania comunista.
Los trabajadores se lanzaron a las calles y los tanques soviéticos se ocuparon de callarles la boca. Entonces Bertolt Brecht propuso: ¿No sería más fácil que el gobierno disuelva al pueblo y elija otro?
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Operaciones de marketing. La opinión pública es el target. Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos.
En 1964, los Estados Unidos invadieron Vietnam, porque Vietnam había atacado dos buques de los Estados Unidos en el golfo de Tonkin. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de vietnamitas, el ministro de Defensa, Robert McNamara, reconoció que el ataque de Tonkin no había existido.
Cuarenta años después, la historia se repitió en Irak.
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Miles de años antes de que la invasión norteamericana llevara la civilización a Irak, en esa tierra bárbara había nacido el primer poema de amor de la historia universal. En lengua sumeria, escrito en el barro, el poema narró el encuentro de una diosa y un pastor. Inanna, la diosa, amó esa noche como si fuera mortal. Dumuzi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.
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Paradojas andantes, paradojas estimulantes:
El Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más hermosas esculturas de la era colonial americana.
El libro de viajes de Marco Polo, aventura de la libertad, fue escrito en la cárcel de Génova.
Don Quijote de La Mancha, otra aventura de la libertad, nació en la cárcel de Sevilla.
Fueron nietos de esclavos los negros que generaron el jazz, la más libre de las músicas.
Uno de los mejores guitarristas de jazz, el gitano Django Reinhardt, tenía no más que dos dedos en su mano izquierda.
No tenía manos Grimod de la Reynière, el gran maestro de la cocina francesa. Con garfios escribía, cocinaba y comía.



Eduardo Galeano, escritor y periodista. Alma crítica de América y figura señera del movimiento "altermundista". Entre sus escritos más conocidos internacionalmente: la trilogía Memoria del fuego (1986), El fútbol a sol y sombra (1995), Las venas abiertas de América latina (1971), Patas arriba. La historia del mundo al revés (1999).
Página 12, 30 diciembre 2007


jueves, 16 de abril de 2009

Cuasi. Pesadilla Política




Dramaturgo, narrador y periodista, el más famoso y temido de su época.
El que maneja con habilidad la ironía y el sarcasmo, termina introduciendo el artículo periodístico en el "repertorio consagrado de los géneros literarios"
Hoy, como un clásico, su obra sigue teniendo vigencia.






Mariano José de Larra


Hay hombres que dan su nombre a su siglo, hombres privilegiados que nacen y ven ya al nacer que, calculada la fuerza de cuanto los rodea, y la suya propia, saben hacer a la primera tributaria de la segunda; que se constituyen manivelas de la gran máquina en que los demás no saben ser más que ruedas. Dan el impulso y su siglo obedece. Hombres fascinadores, como la serpiente, que hacen entrar cuanto miran en la periferia de su atmósfera; hombres reverberos, cuya luz se proyecta toda al exterior sobre los demás objetos y les da vida y color. Son los grandes mojones que el Criador coloca a trechos en la Creación para recordarla su origen; por ellos se ha dicho sin duda que Dios ha hecho el hombre a su semejanza.
¡Sesostris, Alejandro, Augusto, Atila, Mahoma, Tamurbec, León X, Luis XIV, Napoleón!!! ¡Dioses en la tierra! Sus épocas participaron de su energía y de su grandeza; en derredor suyo y a su ejemplo se produjeron, a modo de emanaciones de ellos, multitud de hombres notables, que recorrieron como satélites su misma carrera. Después de ellos, nada. Después del coloso, los enanos.
Actualmente empezamos a dejar atrás una época que tendrá nombre; el último hombre reverbero ha desaparecido. Después del hombre grande, todo hombre es chico. “Muerta la notabilidad, acceden las medianías”; uno solo falta, y se necesitan cien mil para llenar su vacío. ¡Y aún!!! Expirado el reino del hombre, entran los hombres. Agotados los hechos, nacen las palabras.
¡Si habrá épocas de palabras, como las hay de hombres y de hechos! ¡Si estaremos en la época de las palabras!
Acababa de hacer estas reflexiones, cuando sentí sobre mí algo más fuerte que yo; oí sin ver, y mudé de sitio sin andar.
-Ven conmigo, dame la mano. ¿Ves esa mancha enorme que se extiende sobre la tierra y crece y se desparrama como la gota de aceite que ha caído en el papel de estraza? Es la segunda Babel. Estás sobre París. Mira los mortales de todos los países. Cada cual se apresura a traer aquí una piedra para contribuir al loco edificio. ¿No oyes ya la confusión de las lenguas? El inglés, el alemán, el español, el italiano, el... ¡Babel la nueva! Empiezan a no entenderse. Ya en una ocasión se han tirado unos a otros a la cabeza los materiales de la grande obra; el suelo ha salido de madre como un río de su álveo; las casas se han desmoronado... era el amago de la confusión, de la no inteligencia. ¡Una cadena nos pesa!, dijeron; y en vez de añadir: ¡Fuera cadena!,clamaron: ¡Otra que no pese! Risum teneatis? El lobo los comía, y en lugar de comerse ellos al lobo, se comieron unos a otros. Raro modo de entenderse. Corrió la sangre y hoy están como estaban.
-Sube a lo más alto y oirás el ruido inmenso, el ruido del siglo y de sus palabras, y oirás sobre todas ellas la gran palabra, la palabra del siglo.
-Lo que veo es los hombres muy pequeños; pero la distancia sin duda...
-¡Bah!, de aquí no se ve más que la verdad. ¿Los ves pequeños? Ahora es únicamente cuando los ves como ellos son. De cerca, la ilusión óptica (ésta es la verdadera frase física) te los hace parecer mayores. Pero advierte que esas figuras que semejan hombres, y que ves bullir, empujarse, oprimirse, retorcerse, cruzarse y sobreponerse, formando grupos de vida como los gusanos producidos por un queso de Roquefort, no son hombres tales, sino palabras. ¿No oyes el ruido que se exhala de ellos?
-¡Ah!
-Palabras del derecho, palabras del revés, palabras simples, palabras dobles, palabras contrahechas, palabras mudas, palabras elocuentes, palabras-monstruos. Es el mundo. Donde veas un hombre, acostúmbrate a no ver más que una palabra. No hay otra cosa. No precisamente a palabra por barba; tampoco. Despacio. A veces en uno verás muchas palabras, tantas, que aquel solo te parecerá cien hombres; en cambio, otras veces, y será lo más común, donde creas ver cien mil hombres, no habrá más que una sola palabra.
-Mira las palabras de dos caras, palabras-bifrontes, Janos; son las palabras de honor, llamadas así por apodo; según te necesiten las verás del bueno o del mal frente. A su lado, las palabras-promesas, palabras-manifiestos [palabras mancas],regularmente coronadas, siempre escuchadas y creídas, pero tan ambiláteras como las otras; palabras-callos, endurecidas, incorregibles, que han de arrancarse de raíz si han de dejar de doler.
¿Ves esa multitud de figurillas que se agitan, se muerden, se baten, se matan?... Todo eso es la palabra Honor. ¿Ves ese sinnúmero, muchedumbre armada, toda erizada y hostil? Lo llamáis ejército, y no es más que ambición; palabra-monstruo, briares, palabra-puercoespín, llena de púas; palabra-percebe, toda patas y manos. Mira qué de furiosos; teas encendidas, sangre, saqueo, confusión; todo ese ruido son nueve letras: fanatismo, palabra-loco de atar; sin embargo, nadie la ata.
¡Ah! Aquí viene la palabra-arlequín, la palabra-camaleón. ¡Qué de faces, qué soltura! Todos corren tras ella, inútilmente. Mira cómo la quiere coger la palabra-pueblo, gran palabra. La primera tiene ocho letras, libertad. Siempre que el pueblo va a cogerla, se mete entre las dos la palabra-promesa, la palabra-manifiesto; pero la palabra-pueblo es de las que llamé palabras-contrahechas; ciega, sordomuda, se deja guiar e interpretar, sin hacer más que dar de cuando en cuando palo de ciego; como no ve, da ciento en la herradura y ninguna en el clavo; por lo regular se da a sí misma.
-Pero todo ese vano ruido se apaga y se confunde. ¡Sitio, sitio! ¡Plaza, plaza! La gran palabra, la nuestra, la de nuestra época, que lo coge y lo atruena todo. En ella se cifra nuestro siglo de medias tintas, de medianías, de cosas a medio hacer; de todas las palabras que reinan en figura de hombres y cosas por allá bajo, ésta es en el día la que reina sobre todas: CUASI. Ése es todo el siglo XIX. Obsérvala; a cada una de sus facciones le falta algo; no es más que un perfil; ni está de pie, ni sentada. Vestida de blanco y negro día y noche. Más breve: palabra-cuasi, cuasi-palabra.
-Empezamos por aquí. Mira al suelo perpendicularmente. A tus pies está la Francia. Un pueblo cuasi-libre la ocupa. En otro siglo hubiera hecho una revolución entera, (como la hizo); en éste, y en su año 30, no ha podido hacer más que una cuasi revolución; en el trono un cuasi rey, que representa una cuasi legitimidad. Una Cámara cuasi nacional, que sufre en el país de nuevo una cuasi censura, cuasi abolida por una cuasi-revolución; un rey cuasi asesinado; una gran nación cuasi descontenta y otra conmoción política cuasi próxima.
¿Qué ves en Bélgica? Un estado cuasi naciente y cuasi dependiente de sus vecinos, mandado por otro cuasi rey.
-Mira la Italia. Tantos estados cuasi como ciudades; cuasi presa del Austria. La antigua Venecia cuasi olvidada. Un Supremo Pontífice, en el día cuasi pobre, y del cual cuasi nadie hace caso.
-Vuélvete al Norte. Pueblos cuasi bárbaros, regidos por un emperador cuasi déspota en un país cuasi despoblado y desierto. En Alemania los pueblos cuasi más civilizados con un Gobierno cuasi absoluto cuasi temperado por sus Dietas, instituciones cuasi representativas. En Holanda, nación cuasi toda mercantil y navegante, un rey cuasi rabioso y cuyo poder cuasi se desmorona.
-En Constantinopla mismo, un imperio cuasi agonizante, una civilización cuasi naciente y un sultán cuasi ilustrado, con costumbres cuasi europeas.
-En Inglaterra, una industria y un comercio, monopolio cuasi del mundo; un orgullo nacional cuasi insufrible y otro cuasi rey que no decide cuasi nada, y una mayoría cuasi whig. Un Gobierno cuasi oligárquico, que tiene la audacia de llamarse liberal.
-En Portugal, una cuasi nación, con una lengua cuasi castellana y recuerdos de una grandeza cuasi borrada. Un enlace real cuasi próximo, después de una definición regia cuasi naciente; un cuasi ejército y una cuasi protección a España de cuasi seis mil hombres, cuasi todos portugueses.
-En España, primera de las dos naciones de la Península (es decir, de la cuasi-ínsula), unas cuasi instituciones reconocidas por cuasi toda la nación; una cuasi-Vendée en las provincias con un jefe cuasi imbécil; una cuasi libertad de imprenta y conmociones aquí y allí cuasi parciales; un odio cuasi general a unos cuasi hombres que cuasi sólo existen ya en España. Cuasi siempre regida por un Gobierno de cuasi medidas. Una esperanza cuasi segura de ser cuasi libres algún día. Por desgracia muchos hombres cuasi ineptos. Una cuasi ilustración repartida por todas partes. Una cuasi intervención, resultado de un cuasi tratado, cuasi olvidado, con naciones cuasi aliadas. Un modo de guerrear en las provincias cuasi incomprensible. El cuasi en fin en las cosas más pequeñas. Canales no acabados, teatro empezado, palacio sin concluir, museo incompleto, hospital fragmento, todo a medio hacer... hasta en los edificios el cuasi.
-Por último, tiende la vista por doquiera; una lucha cuasi eterna en Europa de dos principios: reyes y pueblos, y el cuasi triunfante de ella y resolviéndola con su justo medio de tener cuasi reyes y cuasi pueblos. Época de transición y Gobiernos de transición y de transacción; representaciones cuasi nacionales, déspotas cuasi populares; por todas partes un justo medio, que no es otra cosa que un gran cuasi mal disfrazado.
-¡Oh!, dejadme respirar, por Dios; estoy cuasi mareado.
-Plutarco ha dicho que los pueblos serían felices cum reges philosopharentur, aut cum philosophi regnarent. Respetando la opinión de Plutarco, yo me atrevería a decir que los pueblos no serán nunca felices ni más ni menos que los individuos que los componen: Pero pudieran al menos ser hombres y ser pueblos si no fueran en el día cuasi-nada. Luchando entre principios contrarios, sufren el tormento del que descuartizan cuatro caballos que corren en direcciones opuestas.
Más hombres y más cosas, menos esperanzas y menos palabras.
Concluido este cuasi sermón, cesé de oír, y a poco cesé de ver; dejado de la mano del ser fantástico que me sostenía sobre Babel la nueva, volví a caer en París, donde me encontré rodando entre la confusión de palabras vestidas de frac y de sombrero, que a pie y en coche recorren las calles de la gran capital. Volví a ver los hombres de nuevo, grandes como no son, y abrí los ojos buscando mi cicerone.
No vi nada sino el gran cuasi por todas partes.

Revista Mensajero, 9 de agosto de 1835 (Texto transcrito por Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)



jueves, 26 de marzo de 2009

El laberinto progresista


"Espacio Carta Abierta". Los Recreadores culturales del kirchnerismo.
escribe Carolina Mantegari (Editora del AsísCultural)


“Minotauro pícaro”. “Personaje exiguo”. Así califica el vicepresidente Cobos, en el Espacio Carta Abierta.
Un conglomerado alucinante de intelectuales paraoficialistas. Comprometidos, se decía en la antigüedad. Con “la defensa de un gobierno democrático popular amenazado”.
Lo componen “exponentes de la cultura”. Académicos, artistas y escritores. Por centenas, los cartaabiertistas se agrupan para resistirse al “clima destituyente”. Considerado “con categoría de golpismo”.
Una formulación impuesta, presente desde la primera carta.
El “clima destituyente” es generado por determinados sectores “económicos, políticos e ideológicos”. Conspiradores que compondrían un compendio aún desarticulado de derecha. O de “neo derecha”.
Clima que perciben, los intelectuales cartaabiertistas, a partir del dilatado conflicto del agro. El que fuera desastrosamente piloteado por el gobierno popular que se disponen, saludablemente, a defender. De la acción de enemigos peligrosamente imaginarios.
En la cuarta carta, recientemente distribuida, titulada El laberinto Argentino, es donde se ensañan jocosamente con Cobos. El “partiquino de los momentos menores de la política”.

Fulgores
A través de la seducción implícita en el armado de los significantes, desde Carta Abierta construyen una jerguita elitista, que apenas contiene la pedantería cultural de los iniciados. Un conjunto de párrafos articulados. Desde donde se trasladan fulgores de entretenimiento hacia la desértica monotonía del discurso estatal. Signado, en la coyuntura, por una precariedad aceptablemente estremecedora.
La recreación de la espantosa mediocridad del oficialismo legitima, al fin y al cabo, esta saludable aventura político-literaria. Encarada por admirables reincidentes en la fascinación que ejerce la derrota.
El último texto, el que precisamente alude al laberinto, nos ilustra acerca del misericordioso laberinto cultural en que se encierra, cíclicamente, la izquierda gestual.
Una desorientación revolucionaria que naufragó en las playas plausibles del progresismo.
Evocan la atmósfera ilusoria que supieron padecer los padres de esta articulista. Es, en el fondo, como en los setenta. En versión teóricamente grotesca.

Profanaciones
Es paradójico. Mientras el peronismo kirchnerista se arrastra, compulsivamente, hacia la derecha, quienes salen a contenerlo son los héroes intelectuales del pensamiento progresista. Debe constar en las próximas actas, las inútiles, de la historia.
Salen movilizados por la “recaída anodina”, producida por “el recio embate de las neoderechas”. Especialmente por el embate que acaban de recibir de parte del “complejo agromediático”.
A los sensibles suscriptores de la carta, los atormenta la profanación ideológica. El emblema de las multitudes atraídas por la neoderecha. Las que vivaban “al estanciero Luciano Miguens”. Con la cantinela profanada: “si este no es el pueblo, el pueblo…”
Los progresistas ilustrados aún no lograron reponerse del definitivo knock out técnico que le produjo, al gobierno de La Elegida, el conflicto extendidamente agropecuario. Que mutó en insolente canal de desprecio, de los sectores presentablemente mayoritarios de la sociedad. Motivo del epílogo legendario, del inolvidable suspenso electoral, con las redituables vacilaciones del vicepresidente Cobos.
“El partiquino” Cobos salvó, literalmente, del incendio, en aquel momento menor de la política, al gobierno que los cartaabiertistas pretenden sostener.
En realidad, Cobos los atormenta desde el pináculo de las encuestas, desde donde se disponen pronto a bajarlo. Pero con toneladas de información procedente, según nuestras fuentes, de Mendoza. Aportadas a los Kirchner por una dupla que se introdujo en el poder mediático.
O con “la perversidad del perdón”, metodología que trata Rocamora, en su miniserie “Sala de Embarque”.
Para los cartaabiertistas, en cambio, el “Minotauro pícaro” sólo aprovechó los efluvios del “agrarismo”. Como se estigmatiza el fenómeno en la carta, con semántica despectividad.

Adicciones
Gente penosamente grande. Adicta a la sucesión de desengaños. Arquitectos insistentes de decepciones colectivas. Sexagenarios altivos que rifan concientemente sus trayectorias. Suelen deslizarse entre la zona liberada de la Biblioteca Nacional. O en el foco, inofensivamente insurreccional, del café de la Librería Gandhi.
El invalorable Tata Cedrón, el sociólogo Horacio González, sobre todo el ponderado guitarrista Ricardo Forster, el percusionista Jaime Sorín, todos endiosadores del colectivamente construido Tristán Bauer.
La actriz Cristina Banegas, del eterno elenco estable de la contestación. La respetable señora Ferreira, viuda de Walsh. Con las palmaditas protectoras de Feinmann y de Verbitsky. Enternecedores sujetos que manifiestan su ”alarma” por los “déficits de interpretación”. Que sienten “vulnerados los horizontes colectivos de las creencias”.
Carecen de un Kant ni un Rousseau, pero sí tienen, de sobra, intencionalidad. Cuentan con la primera guitarra del señor Forster. Con la instrumentación argumental de González, con el apoyo también paternalista, sobre todo moral, del señor Viñas. Y con los ecos de la Secretaría de Estado de Página 12.
Carecen de ideas superadoramente propias pero lustran, con significativo entusiasmo, el vacío. Para elevarse contra los discursos impuestos por los “medios de comunicación”. Los que lanzaron la palabra, según el inspirado Forster, hacia “el zócalo de la historia”.

Bartolas
Los progresistas del cartaabiertismo, en “El laberinto argentino”, también critican, con levedad, al gobierno que aún los contiene. Pero que felizmente, hasta hoy, parece no tomarlos demasiado en serio. Un mérito rescatable del kirchnerismo.
Acentúan la falta de “elaboración, proyección y explicitación de las medidas importantes” que se toman. Rescatan, por ejemplo, la catastrófica estatización de Aerolíneas Argentinas. O el pago anunciado al Club de París. Al momento de la última cartita, la del “laberinto”, desconocían seguramente la decisión de pagar hasta a los bonistas en banda. Para estos acompañantes autónomos, cartoneros voluntarios del oficialismo, aquí falla “lo previo”.
Como no son giles, perciben que las medidas son tomadas, sustancialmente, a la bartola.
Sin embargo, la “excepcionalidad” del momento histórico los induce a apoyarlas. Igual que a la política de los derechos humanos. A pesar que “otros” la califiquen de impostura.
De impostura. De simulacro para amortiguar el Sistema Recaudatorio de Acumulación.
Donde se habla así, que se sepa, es en JorgeAsísDigital.
El debate es, en todo caso, un desafío que se acepta.

Explicaciones
Al percibir semejante apetito participativo del conglomerado, puede explicarse mejor que Néstor Kirchner prefiera saberse acompañado por Daniel Hadad. Pensador que tanto tiene que ver con el discurso de los medios. Por Jorge Brito, quien mantiene atributos irreparablemente mágicos para la estrategia superior del kirchnerismo.
Puede explicarse, además, que la estrella indispensable del gobierno sea Julio De Vido. Con sus severos paladines. Ricardo Jaime, Morenito, el injustamente alicaído Claudio Uberti, que debe ser suplantado para la excepcionalidad, en la resolución de algunos asuntos coyunturales.
Puede explicarse, por último, que “el gobierno democrático y popular” hoy dependa, en cierto modo, de los recursos profesionalmente geniales del doctor Ed Sohat, en los tribunales de Miami. Más que de las alucinaciones contragolpistas de los intelectuales comprometidos, del Espacio Carta Abierta.
De todos modos, deparan deseos entrañables de quererlos. Como a nuestros abuelos. Dan ganas de compartir con ellos un sándwich de cantimpalo, como nuestros mayores contaban que servían en el Viejo Ramos, de Corrientes y Montevideo. Hay que compadecerlos por los arrebatos de la próxima decepción. Arquitecturalmente generada. Adicción que los introduce en el definitivo laberinto.
Por el comprensible viraje del gobierno, hacia la neoderecha. Tardíamente, sin retorno.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

permitida la reproducción sin citación de fuente.